Siempre tuvo, 

La frente muy alta, 

la lengua muy larga, 

y la falda muy corta. 

Sabina – 19 días y 500 noches.

 

El vuelo 

Cuando llegaron al aeropuerto, bajó del taxi, poniéndose los Loubutin (de suelas absurda y bellamente rojas) en esos pies preciosos que tenía. Esos pies que estaban al final de las piernas que él adoraba tanto.

Era increíble, pero a pesar de todo lo que había pasado, al verse en los cristales polarizados del auto, se encontró con el reflejo de una mujer aún muy hermosa. El vestido negro, de lentejuelas le sentaba precioso, y de algún modo, la respiración agitada y la suave transpiración ocasionadas por bajar corriendo los 10 pisos desde el penthouse (hace apenas media hora) no habían conseguido arruinar su peinado. Será la felicidad, pensó.

Abrió la cartera, negra, de lentejuelas que hacía perfecto juego con el vestido. Entregó todo el dinero que tenía en efectivo al taxista, que quedó gratamente sorprendido al recibir mucho más que el doble de lo que señalaba el taxímetro. En la cartera, no quedó nada más que una única tarjeta de crédito, un pasaporte, y un estuche de maquillaje. Era una cartera muy especial, el interior era de cuero negro, y lo había mandado hacer ella misma a un diseñador amigo.

–          Quédate con todo, – le dijo, – gracias a vos llegué a un vuelo para el cual estaba súper atrasada.

Se acercó al mostrador de la aerolínea, donde una joven hermosa estaba empezando a preparar el check-in de los pasajeros. Su pelo castaño claro estaba recogido en una trenza impecable. Eran las 2:40 AM y el movimiento era aún escaso, en ese miércoles de febrero.

–          Buenas noches, en que le ayudo? – le dijo la joven, sonriendo. Ella admiró que la chica de la aerolínea estaba impecablemente maquillada y peinada, aún a esa hora.

–          Necesito un boleto, por favor.

–          Por supuesto, para dónde?

–          Depende – respondió ella a su vez, sonriendo – a dónde va el primer vuelo?

La chica de la aerolínea se detuvo mirándola unos segundos a los ojos. Evaluando. Inteligente. Discreta. Está calculando si soy una borracha, o peor, una mula de drogas – se dijo. Pero no encajo querida, no encajo en el perfil porque no tengo ropas grandes, ni equipaje. No encajo porque no tengo un vuelo ya pagado, con destino final en Europa o Estados Unidos. Y aún más, no encajo, porque soy capaz de sostenerte la mirada, perfectamente tranquila.

–          Seguro, – dijo sonriendo con delicadeza y girando el rostro para ver nuevamente su monitor. – Déjeme ver. El primer vuelo es…. Lima, a las 05:00. Hora de embarque, las 04:00.

Ella hizo los cálculos. Él no despertaría hasta el mediodía. Y cuando finalmente volviese en sí, sería solo para descubrir que estaba completa y perfectamente atado. A pesar de su fuerza, le tomaría por lo menos hasta el día siguiente soltarse. El teléfono de la casa estaba cortado, y antes de salir había bajado la llave general de energía del departamento. Ni siquiera el timbre funcionaba. La batería de su celular estaba en el inodoro, y el aparato en sí estaba en un cesto de basura, frente al edificio junto con los guantes de goma que ella había usado en su salida.

Lima, pensó. El Pacífico. Esa agua infinita al otro lado de los Andes, ese paisaje mineral que ella aún no conocía, excepto por fotos de revista.

–          Lima está genial, gracias.

–          Su pasaporte por favor? – le dijo la chica de la aerolínea.

Ella se lo dio, junto con la tarjeta de crédito. Minutos después tenía el ticket en manos.

–          Va a despachar equipaje?

–          No, nada que despachar- le respondió ella, y sonrió al pensar que no tenía, ni siquiera ropa interior, desgarrada en la memorable despedida. –

–          Entiendo, aquí está la tarjeta de embarque y su pasaporte. Que tenga un buen vuelo.

–          Gracias,

Caminó, cansada, pero con gracia, hasta el área de migraciones y seguridad de ese aeropuerto, por última vez en su vida. Su bolso pasó sin problemas por el detector de rayos X. Los dos únicos inspectores estaban más interesados en mirar sus piernas que el monitor. Si hubiesen mirado, podrían haber visto detrás del fondo de cuero doble algo que tenía el aspecto de una pequeña agenda.

Ese pequeño cuadernillo nunca visto por los guardias, era el pasaporte de otra mujer. Esa otra mujer, como ella, era hermosa, y morena. La diferencia estaba en que la mujer de ese otro pasaporte era, a pesar del color de la piel, rubia, como Shakira, y tenía ojos grises. Era rubia como ella sería un par de horas después de llegar a Lima, y tenía los ojos que ella tendría luego de una rápida visita a una óptica. Todo eso había sido pensado por el hombre que ahora estaba atado y sedado en su apartamento, en la época en que aún había confianza entre ellos. Era un chiste entre ellos, que cambiase para volverse Shakira. Era un chiste de ambos, y ahora, era un chiste solo de ella.

Cuando se sentó en su puerta de embarque, no había nadie. Aprovechó para cerrar los ojos, y descansar. Y pensar. Cuando una va a renacer, se debe pensar. Mañana, o quizá esa misma noche la estarían buscando. Y la tarjeta de crédito sin límite a nombre de su viejo ser delataría que había viajado, y a donde.

Pero claro, eso no importaba. El mismo hombre que estaba maniatado en el departamento se lo había explicado. Habían repasado todo, centenas de veces, para cuando tuvieran que hacerlo juntos. La tarjeta ya había hecho su última compra. La próxima vez que la usase, sería para retirar dinero en un cajero del aeropuerto de Lima, y luego destruirla. Luego, la nueva mujer haría nuevos viajes. Una chica con minifalda de lentejuelas, zapatos Loubutin y 4000 dólares en el bolsillo puede ir, prácticamente a donde quiera.

Y a donde ella quería ir, era a una ciudad y a un banco sobre los cuales él nunca supo. Una ciudad y un banco que eran un plan dentro de un plan. En ese banco había una caja, y dentro de ella, una nueva vida vasta como el horizonte del Pacífico.  Para abrirla, todo lo que necesitaba era una secuencia de 12 números de dos cifras, que estaba guardada en su cabeza. Se dijo a sí misma la secuencia, una y otra vez, solo para cerciorarse que la recordaba, cuando un extraño nuevamente la arrancó de sus pensamientos.

–          Llegó temprano señorita,  – le dijo sonriendo uno de los empleados de la aerolínea que empezó  a acomodar el escritorio al lado de la puerta de embarque, para llamar a los pasajeros en una hora. Al mirar entorno suyo pudo constatar que no había más que un par de pasajeros además de ella en el salón.

Ella lo miró, sonriendo.

–          La verdad, querido, es que no siento que haya llegado temprano. Siento que tardé muchísimo.

Y esa era la pura verdad.  Había tardado muchísimo en llegar a ese vuelo.

Le había tomado, literalmente, toda una vida.


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2 Replies to “Capítulo 48: El Vuelo”

  1. En parte magico. En parte la tarea que no tenemos que des.echar.. ser justo parte de esa parte misteriosa della vita. Todos buscando lo perdido. Apostando al des.encuentro de lo unico real: la vida misma. Parte del aire. Parte del universo de los acuerdos in.imagina.dos entre dos partes

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