Veintiocho: Una carta desde el Largo do Café.

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E os Novos Baianos passeiam na tua garoa

E novos baianos te podem curtir numa boa

Caetano Veloso – Sampa

Pasaron 19.192 horas hasta 4689S55S

Estoy sentada en la cafetería Evian, en el Largo do Café. La ciudad es Sampa, la infinita. Su centro, para ser más exacta. Para mí, este es un lugar (no un espacio). Este sitio no es (solamente) una entidad física, mensurable y objetiva, descriptible en planta, alzado y sección. No es solamente una localización fotografiada por diversas constelaciones de satélites. Este café es para mí, un amasijo de experiencias subjetivas. Este café es uno de mis sitios de amor en la infinita, una ciudad que infelizmente, tiene demasiados espacios de odio y fealdad.

Podría describirles como fué la primera vez que me senté aquí, a tomar un café una tarde de sábado. Podría contarles sobre la conversación con mi amigo J y su hija B, y la presencia cálida de mi querido C, irradiando una delicada energía de amistad y deseo. Podría contarles que fue una de las primeras veces que me sentí plenamente humana, desde mi llegada.

Podría describirles la luz suave de esa tarde de sábado, a finales de mayo, impactando en el polígono irregular formado por los edificios que delimitan la plaza. Las mujeres hermosas y los hombres atractivos, pasando, mirándome, mirándose. Podría hablarles del ruído de las máquinas de café expreso, botellas de cerveza abriéndose, y exprimidoras de jugo en funcionamiento (porque al fin, esta ciudad promueve la coexistencia armónica de bebidas saludables, estimulantes y depresores del sistema nervioso, las 24 horas).

Podría decirles sobre los edificios que conforman la plaza, con sus fachadas: el Alvares Penteado – art noveau – y las sedes de la universidad y de la bolsa de valores, bellas a pesar de neoclásicas. Podría hablarles de las calles peatonales y decirles lo especial que es el cielo azul recortado por las cornisas, que va poniéndose gris a medida que el tiempo y las cervezas y los cafés y los cigarrillos se consumen y las conversaciones se inflaman y crecen.  

Podría hablarles de todo eso y ustedes, queridos, inteligentes, sensibles, entenderían. Pero aunque entendiesen, no podrían, en toda la dimensión de la palabra, comprender. Porque para tener alguna posibilidad de comprender deberían haber estado conmigo en todo el camino.  

Sabrán perdonarme. Divago. No es eso lo que quería contarles.

Quería decirles que la primera línea del texto es exacta. Fueron 19192 horas hasta 4689S55S.

Las calculé, con exactitud. Aunque estoy aprendiendo nuevamente a entregarme con más facilidad y alegría a los placeres (de todas las escalas, intensidades y tonos morales), sigo siendo metódica.

*

Estoy, mis queridos y queridas, sentada en el Largo do Café, tomando mi segunda cerveza.

Uso mis stilettos negros y una falda hermosa, un tanto corta para el traicionero otoño Paulista.

Tengo – extrañamente – una paz profunda en el corazón. Son las 16:40 de una tarde de martes. Un martes completamente corriente en el que las buenas personas trabajadoras deberían estar, bueno, eso: trabajando.  

No es mi caso. Hoy no. Como les dije, estoy tomándome una cerveza, sola. Un tipo simpático me ha estado mirando y en la parte de atrás de mi mente estoy tratando de decidir si hablo o no con él. Si río o no con él. Si subiría a su piso o no con él, en caso que a él le interese invitarme. Pero todas esas bifurcaciones vendrán luego. Quiero estar conmigo ahora. Conmigo y con ustedes.

Yo no estoy trabajando. Estoy tomando mi segunda cerveza. No se preocupen. No es alcoholismo. No estoy trabajando porque decidí no hacerlo hoy. Porque una tibia felicidad me envuelve.

Disculpen, una vez más, no voy al punto.

Escribo para contarles que en mi bolso hay un pequeño carnet. Estampado en él está el código 4689S55S. Fueron necesarias 19192 horas para conseguirlo. Eso equivale a 2 años, 69 días y 4 horas, aproximadamente.

Ese periodo (y uso el pasado conscientemente, porque ya se terminó), fue el más intenso que haya vivido hasta ahora. Se inició, como saben, en Haití, el 12 de enero de 2010. Se inició, como saben con destrucción. Con la muerte de seres queridos. Con el fin de mi mundo, como existía hasta entonces. Con la huida de las violaciones en los campos. Con mi ingreso como inmigrante ilegal al Brasil.

Si. En este mundo negarse a morir, negarse a ser violada, a veces, te lleva a ser ilegal.

Han sido 2 años, 69 días y 4 horas desde que se pusieron en marcha los eventos que me trajeron a esta mesa. No ha sido hasta hoy, cuando por fin, los trámites han concluido y mi estatus de refugiada se ha hecho, por fin, oficial.

Este período sirvió para que aprenda -en mi propia piel y carne –  cuánto más fundamental es la condición de humana que la de ciudadana. Este periodo también sirvió para que aprenda que aún en la jungla infinita que es Sampa, existen personas (muchas!) que ejercen la única opción vital que realmente distingue a los humanos: la de hacer más de lo que están obligados a hacer.

Sabrán disculparme. Siento que no consigo, exactamente, contarles lo que quiero. Mientras las escribo, siento que mis palabras son planas, secas, bidimensionales, carentes de olor, de sonido, de miedo, de deseo. No pueden describir en la totalidad de sus matices la angustia permanente de ser el otro. De ser negra, mujer, extranjera, ilegal, sospechosa. No puedo explicar lo que es ser odiada por ser deseada/indeseada (simultáneamente!). De sentirme, hermosa o asquerosa, poderosa u objeto, a veces en el mismo día, a veces en el mismo momento. No puedo describir la sensación de que una necesita desesperadamente estar – para vivir – en un lugar en el que – según la ley – una no puede estar. De que tu existencia misma es una infracción.

No puedo describir lo que es querer alquilar una casa, y no poder hacerlo, aunque tengas el dinero, porque trabajás ilegalmente (recordemos esa hermosa frase que escupe a tu piel: trabajás “en negro”). No puedo explicar la vaga angustia de sentir que, para el mundo, una no acaba de existir.

Las palabras son poco, porque estas han sido las 19192 horas más horribles y hermosas de mi vida. Horas que empezaron con la muerte y la destrucción, la huida y la ilegalidad. Horas que siguieron con el cotidiano en pensiones de mala muerte, que me llevaron luego a compartir un espacio con amigas, a encontrar un trabajo, a colocar a mi niña en la escuela, a enterarme – con lágrimas infinitas de gratitud – que mi madre estaba viva.

19192 horas en las que trabajé como nunca en mi vida, lavando ropas, platos, baños, pisos, vaciando basureros. Hasta empezar a pintar nuevamente, y luego, – locura/milagro/absurdo de la vida –  empezar a vender algunos cuadros. Empezar a sentir que a través de mi trabajo me iba haciendo de vuelta, real. Empezar a sentir que a través del cariño de ustedes, me iba haciendo de vuelta, real. Que iba, nuevamente, existiendo ante los otros y para los otros. Que me veían, más allá del relato y descripción de negra-ilegal-sabrosa-puta-odiosa-ilegal-sabrosa-puta-negra.

19192 horas de bendiciones y tragedias que no hubiese podido comprender o incluso tolerar, de no ser por el cariño, la sabiduría, el amor y la amistad que viene de ustedes. Es que a veces, las tragedias son tan absurdas y las bendiciones tan intensas que parecen no tener correlato con el tamaño del pecho de un solo ser humano.

Así que, en definitiva, esto es lo que quería decirles, mis queridos y queridas. Ninguno de ustedes estuvo todo el tiempo conmigo en estas 19192 horas. Por diversas circunstancias que incluyen el terremoto y el tamaño de esta ciudad cósmica, ninguno pudo acompañarme, físicamente, en todos los momentos. Sin embargo, fragmentos del amor de ustedes siempre estuvieron presentes. Amores viejos y amores nuevos. En persona, por email, por mensaje de texto, por carta, por orkut. Siempre tuve conmigo alguna manifestación de su amor, amistad, deseo, alegría, sabor, paz, sabiduría, disciplina, delirio, entrega, pasión. Muchas veces, esas manifestaciones fueron lo mejor que tenía en mi, en mis manos y mi corazón, para hacer frente a los desafíos de cada instante.

Este es en verdad uno de los misterios del amor. No puedo hacer que en realidad comprendan lo que pasé. No consigo explicarlo vitalmente. En definitiva todos enfrentamos la vida, el mar, el amor y la muerte, solos y desnudos.

Y sin embargo, gracias a ustedes no estuve, siempre sola.

Puedo además, decirles que sin ustedes, no hubiese podido. Que sin los sueños e ilusiones, sin el amor, la fuerza y el conocimiento y el coraje que me dieron, no hubiese sobrevivido a este ciclo.

No hubiese podido.

Así que, aun cuando sé que no pueden comprender todo lo que pasé, espero que puedan sentir mi amor y mi gratitud. Espero que sepan, en su interior, que cuentan conmigo. Y que nunca olviden que esta mujer, un tanto endurecida por el ejercicio de la sobrevivencia y el cinismo todavía tiene amor y alegría por ustedes y para ustedes.

**

Son las 6.30. Han pasado casi dos horas. Estoy terminando la tercera cerveza y la mano me duele un poco por ejercicio monástico de escribir sobre servilletas usando un bolígrafo que me prestaron en el café. Voy a pagar la cuenta ahora y dejarle al mozo, una propina que no puedo permitirme y me dirigiré después a gastar más dinero, que tendré que recuperar luego limpiando pisos o vendiendo cuadros que aún no pinté.

Cual es el plan? Estoy pensando en no dormir en casa hoy. He llamado a M. mi vecina, y le he preguntado si mi niña puede quedarse con ella hasta mañana temprano, y me ha respondido que sí. Mañana, yo cuidaré a sus chicos todo el día, mientras ella salga a trabajar.

Tengo ganas de caminar en esta ciudad hoy. En mi ciudad, sobre mis tacones, usando esta falda que me da un poco de frío y un poco de calor. Estar, por una noche (solo una!) sola conmigo, con el amor de ustedes en mi pecho, moviéndome en el infinito de luz, ruido y gente que es Sampa. Entrar, al azar en un bar o restaurant, o lo que fuera y ver lo que la vida y la noche me reservan. Después, más tarde, podría buscar un taxi y pedirle que me lleve a un hotel cerca y pasar la noche allí. Sola si quiero, acompañada, si quiero.

Suelta, liviana, libre para ejercer mi deseo, y el poder de mi alegría, como una mujer en su casa.

Es que hoy, solo hoy, Sampa entera, es mi casa. E hoje, os novos haitianos irão te curtir numa boa.

Largo do Café – Sampa – Brasil 15 Julio 2006

Nuestro balcón -Fernando de la Mora- Paraguay – 09 Julio 2016


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